«Nadie tema a la muerte, pues nos ha liberado la muerte del Salvador. La ha extinguido aquel que por ella fue retenido. Ha despojado al Hades aquel que bajó al Hades. Se llenó de amargura el Hades al probar su carne. Y esto prediciendo Isaías, exclamó: "El Hades —dice— se amargó al encontrarte abajo". Se amargó, porque fue destruido. Se amargó, porque fue ridiculizado. Se amargó, porque fue muerto. Se amargó, porque fue aniquilado. Se amargó, porque fue encadenado. Tomó un cuerpo, y se encontró con Dios; tomó tierra, y se encontró con el Cielo; tomó lo que veía, y cayó en lo que no veía. ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, Hades, tu victoria? ¡Resucitó Cristo, y tú has sido derribado!»

— San Juan Crisóstomo —